El fraude y el error: ¿Cómo puede afectar los resultados financieros de las compañías?


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En el entorno empresarial actual, caracterizado por su alta competitividad y complejidad, un registro contable incorrecto puede ser un descuido o un indicio de un problema mayor dentro de la Compañía. Tanto el fraude y el error afectan la integridad de la información financiera y pueden influir en la rentabilidad; según la Norma Internacional de Auditoria (NIA) 240 “Responsabilidades del auditor en la auditoría de estados financieros con respecto al fraude”, la diferencia fundamental entre ambos conceptos radica en la intencionalidad.

Identificar y comprender estos conceptos no constituye solo una formalidad contable, sino una responsabilidad critica de gestión; una respuesta deficiente ante el fraude o error no solo distorsiona los estados financieros, sino que pone en riesgo los activos de la Compañía y afecta su reputación. Dicha distinción es clave, debido a que ambos no tienen el mismo impacto; por eso es importante entender su origen: El fraude desvía recursos y destruye la confianza, mientras que el error debilita la credibilidad y la competitividad empresarial.
 

1. Fraude

La NIA 240 en el párrafo 12 (a), nos señala que “fraude, es un acto intencionado realizado por una o más personas de la dirección, los responsables del gobierno de la entidad, los empleados o terceros, que conlleve la utilización del engaño con el fin de conseguir una ventaja injusta o ilegal”.

Para el profesional contable, no es suficiente con identificar que ocurrió, sino que es fundamental entender las razones que motivaron la acción. En ese contexto, se utiliza como herramienta de diagnóstico el “triángulo del fraude”, desarrollado por el criminólogo Donald Cressey (1953) en “Other People's Money: A Study in the Social Psychology of Fraud”, donde nos indica que para que ocurra un fraude, usualmente debe de haber tres elementos:

  1. La presión, es lo que impulsa a la persona a actuar. Puede ser una presión externa (por ejemplo, deudas personales o problemas familiares) o interna (por ejemplo, la necesidad de cumplir con metas de utilidad para mantener un bono).
  2. La oportunidad, ocurre cuando el control interno es débil o inexistente. Por ejemplo, la falta de supervisión cuando una sola persona gestiona el flujo de caja y su registro.
  3. La racionalización, es la justificación mental. Donde busca convencerse de que su acción no es "mala". Frases como "es solo un préstamo" o "la empresa me debe mucho por mi esfuerzo".

Cuando estos tres elementos se unen, el fraude se desarrolla en diversas formas. En este contexto el contador debe ser capaz de identificar las dos variantes del fraude más usadas:

  • Información financiera fraudulenta: Es el famoso "maquillaje" de los estados financieros, donde se manipulan intencionalmente los registros contables para presentar una situación económica en superávit o déficit (para disminuir la carga tributaria).
  • Malversación de activos: El robo o uso no autorizado de los recursos de la Compañía, tales como el efectivo, inventarios, activos fijos, entre otros.
 
2. Error

La NIA 240, a diferencia del fraude, no define explícitamente el error, sino que permite inferirlo dentro del párrafo 2: “Las incorrecciones en los estados financieros pueden deberse a fraude o error. El factor que distingue el fraude del error es que la acción subyacente que da lugar a la incorrección de los estados financieros sea o no intencionada”. En este sentido, un error es una representación incorrecta u omisión de información en los estados financieros que se produce sin la intención de engañar y que puede originarse por fallas operativas, equivocaciones humanas o interpretaciones inadecuadas de las normas contables. Los errores más comunes en la práctica son:

  • Errores de omisión: Se produce cuando no se registra una transacción o un ajuste necesario, como la depreciación o un gasto devengado.
  • Errores de comisión: Realizar un registro en una cuenta equivocada o por un monto incorrecto debido a un descuido.
  • Errores de interpretación: Surge al aplicar incorrectamente una norma contable o tributaria, usualmente por falta de actualización profesional.

La identificación de un error no debe enfocarse en la búsqueda de culpables, , sino como una herramienta para detectar deficiencias en el control interno. Al comprender que el origen del fallo es sistémica y no malintencionada, la organización puede centrarse en optimizar sus procesos. A diferencia del fraude, la respuesta ante un error debe centrarse en la corrección y la prevención, no en el castigo. Por ello, se debe fomentar un espacio donde el equipo se sienta seguro de decir: "Me equivoqué en este registro contable". Si hay miedo, el error se oculta y, con el tiempo, ese ocultamiento puede empezar a parecerse a un fraude. También, se debe implementar revisiones cruzadas y validaciones automáticas que detecten el error.
 

3. ¿Cómo proteger la información contable?

Distinguir entre fraude y error es fundamental, ya que las acciones correctivas cambian de forma significativa. Los errores se reducen con capacitaciones y mejoras tecnológicas; el fraude requiere controles internos sólidos y ética.

Por eso se proponen tres pilares preventivos:

  • Segregación de funciones: Ningún empleado debería tener el control completo sobre una transacción en todas sus etapas. Cuando una misma persona realiza la compra, registra la factura y autoriza el pago, el riesgo de error o fraude se incrementa. La separación de funciones crea un sistema de verificación, donde el error de uno es detectado por otro.
  • Cultura de Integridad: Los valores éticos deben ser promovidos desde la alta dirección. Si los lideres ignoran las reglas básicas, como pedir factura por un gasto personal, el resto del equipo asumirá que el cumplimiento es opcional. Por esto, la ética debe de ser un principio no negociable.
  • Auditoría basada en riesgos: Utilizar el análisis de datos permite identificar irregularidades que podrían pasar desapercibidas en revisiones manuales. La auditoría moderna se enfoca en las áreas con mayor probabilidad de riesgo, utilizando herramientas informáticas capaces de analizar grandes volúmenes de data en poco tiempo y detectar señales de alerta como pagos duplicados, transacciones inusuales o proveedores incompletos. Esto permite al contador concentrarse en el análisis y no en la simple transcripción de datos.

 

4. Conclusión

Diferenciar entre error y fraude exige un constante análisis y criterio profesional. El error evidencia la necesidad de optimizar procesos y herramientas, mientras que el fraude alerta sobre la importancia de reforzar la cultura organizacional y los valores éticos.

El aporte principal del profesional contable no se limita al registro de información, sino a la generación de confianza. En un entorno donde los datos circulan a gran velocidad, el contador actúa como un filtro que asegura que la información sea confiable, relevante y, sobre todo, ética.
 

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