Trabajos de alto riesgo: ¿estamos controlando el peligro o simplemente confiando en el trabajador?

En un entorno empresarial caracterizado por operaciones cada vez más exigentes y dinámicas, la ejecución de trabajos de alto riesgo representa uno de los principales desafíos para la gestión de la Seguridad y Salud en el Trabajo (SST). Actividades como los trabajos en altura, trabajos en caliente, espacios confinados, excavaciones, izaje de cargas o intervenciones en instalaciones eléctricas pueden generar consecuencias graves o incluso fatales si no se planifican, autorizan y supervisan adecuadamente.

Frente a estos riesgos, las compañías suelen implementar procedimientos, capacitaciones, permisos de trabajo y equipos de protección personal. Sin embargo, contar con estos elementos no garantiza por sí solo que la actividad se desarrolle de manera segura. Cuando la efectividad de las medidas preventivas depende principalmente de que el trabajador recuerde cada instrucción, utilice correctamente sus equipos o no cometa ningún error, la compañía podría estar trasladando una parte significativa del control del riesgo al factor humano.

En este contexto, la gestión de los trabajos de alto riesgo debe partir de una evaluación integral de las condiciones en las que se desarrollará cada actividad. Esto implica identificar los peligros, valorar los riesgos, establecer medidas de prevención y verificar que los controles sean adecuados antes de autorizar el inicio de los trabajos. La experiencia y capacitación del trabajador son indispensables, pero deben encontrarse respaldadas por condiciones seguras, supervisión efectiva y controles operacionales que reduzcan la posibilidad de que una equivocación derive en un accidente.

La prevención debe priorizar controles capaces de actuar directamente sobre el peligro. Siempre que resulte técnica y operativamente viable, las compañías deben evaluar la eliminación o sustitución de la actividad peligrosa, la implementación de controles de ingeniería, el aislamiento de las fuentes de energía y el uso de sistemas de protección colectiva. Las medidas administrativas y los equipos de protección personal deben complementar estos controles, no reemplazarlos ni convertirse en la única barrera de seguridad.

Desde una perspectiva normativa, la Ley N° 29783, Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo, establece que el empleador debe garantizar, en el centro de trabajo, los medios y condiciones que protejan la vida, la salud y el bienestar de los trabajadores. Asimismo, su Reglamento, aprobado mediante el Decreto Supremo N° 005-2012-TR, contempla la aplicación de medidas de prevención y protección dentro del Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo. En consecuencia, la responsabilidad de gestionar los trabajos de alto riesgo no puede limitarse a entregar equipos de protección o capacitar al personal, sino que requiere implementar controles adecuados y verificar permanentemente su eficacia.

Para ello, resulta necesario establecer procedimientos específicos y permisos de trabajo que permitan comprobar, antes de iniciar la tarea, que se han identificado los peligros, que las fuentes de energía se encuentran controladas, que los equipos e instalaciones presentan condiciones seguras y que el personal cuenta con las competencias y autorizaciones necesarias. Estos documentos deben funcionar como herramientas efectivas de planificación y control, y no únicamente como registros destinados a acreditar el cumplimiento de una formalidad.

Asimismo, durante la ejecución de la actividad, la supervisión debe orientarse a verificar las condiciones reales del área de trabajo. Un permiso autorizado no garantiza que los controles continúen siendo eficaces si cambian las condiciones ambientales, intervienen nuevos trabajadores, se incorporan equipos distintos o aparecen peligros no considerados inicialmente.

Por ello, las compañías deben establecer criterios claros para suspender, reevaluar o cancelar una actividad cuando las condiciones de seguridad hayan variado.

La gestión de los trabajos de alto riesgo también requiere una adecuada coordinación con contratistas, proveedores y terceros. Antes de iniciar las actividades, la compañía debe verificar que estos conozcan los riesgos existentes, cumplan los requisitos de SST aplicables y se encuentren alineados con los controles establecidos. Una gestión preventiva eficaz no debe generar diferencias en el nivel de protección según quién ejecute el trabajo, pues las consecuencias de un accidente pueden afectar tanto a las personas como a la continuidad operativa, el cumplimiento legal y la reputación de la compañía.

En consecuencia, controlar un trabajo de alto riesgo significa diseñar barreras capaces de proteger al trabajador incluso cuando se produzca un error, una distracción o una variación inesperada en las condiciones de la actividad. La seguridad no debe depender exclusivamente de la experiencia o del cuidado individual, sino de un sistema que anticipe los posibles fallos, verifique la eficacia de los controles y permita detener el trabajo cuando las condiciones no sean seguras.

Desde BDO Servicios Legales y Laborales, acompañamos a las compañías en la identificación, evaluación y control de los riesgos asociados a actividades críticas, así como en la elaboración y revisión de procedimientos, permisos para trabajos de alto riesgo, matrices IPERC, estándares de seguridad y mecanismos de supervisión. Nuestro enfoque integra el cumplimiento legal con una gestión preventiva y estratégica, contribuyendo a reducir la exposición a accidentes graves, fortalecer el Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo y proteger la continuidad de las operaciones. Para más información, pueden contactarnos a través del correo electrónico servicioslegales@bdo.com.pe.


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